Hay que tener claro, que esta situación no es favorable para nadie, ni para abonados ni para la agrupación.
La pandemia del coronavirus, ha provocado la suspensión de las procesiones de Semana Santa por primera vez desde 1936, es decir, desde el inicio de la Guerra Civil.
La suspensión de las procesiones de Semana Santa, es un varapalo para la economía de la ciudad, que hubiera tenido un impacto de 80 millones de euros este año. También ha sentado especialmente mal en el seno de las cofradías, donde llevan trabajando todo el año para el día grande de su cofradía, y han visto como finalmente no van a poder acompañar a sus titulares por las calles de Málaga.
El gran problema que ha traído esta situación, son las miles de personas que habían comprado ya su silla en el recorrido oficial y que de momento la Agrupación de Cofradías no ha devuelto. Esta decisión por parte del órgano cofrade, ha provocado un fuerte rechazo entre los abonados.
Como es natural, existen diferentes puntos de vista y opiniones acerca de lo que es más acertado, si devolver el dinero a los abonados o no. Yo pretendo dar mi opinión para alumbrar un poco este tema que tanto trae de cabeza al mundo cofrade actualmente.
Primero, hay que tener en cuenta a dónde va a parar el dinero que la Agrupación de Cofradías recauda con el alquiler de sillas en el recorrido oficial.
La agrupación destina este dinero a diversos fines, entre ellos, la labor social. Pero sobre todo, ese dinero va destinado a las subvenciones que las cofradías reciben del ente.
Para explicarlo mejor. me voy a apoyar de una imagen que lo explica a la perfección, y que como veréis, es un "efecto dominó".
Independientemente del mensaje que quiera transmitir la foto, yo me voy a centrar en la cadena de sucesos a raíz del dinero de los abonos.
Si los abonados exigen que se les devuelva el dinero de las sillas, lo que no saben es que están perjudicando en el fondo a las cofradías, sobre todo, a las más humildes que sobreviven durante el año en gran medida por la subvención que le da la agrupación.
En esta historia también cobran gran protagonismo las bandas, que no han podido tocar y también algunas están pidiendo el dinero íntegro del contrato; otras, sin embargo, solo piden la mitad o el 30%.
Pero claro, si las cofradías no han recibido la subvención de la agrupación, fruto del dinero recaudado con los abonos, pues no pueden pagar a las bandas, las cuales muchas dependen del dinero de los contratos para renovar instrumentos, uniformes o transporte para acudir a los certámenes durante el año.
Otra labor importante de las cofradías es la social, la cual también depende en muchas de la subvención de que le da la agrupación.
Por otro lado, tenemos a los abonados.
Tenemos que tener en cuenta que los abonados no son cofradías que tienen diversas fuentes de ingresos y un capital mucho mayor. En muchas ocasiones, y con muchos puestos de trabajo destruidos, el dinero del abono les vendría muy bien por lo menos para sus gastos ordinarios. La mayoría de ellos, molestos y enfadados con la intransigencia de la agrupación, se han planteado reclamar el dinero por vías legales.
Concluyendo, la solución a este problema habría sido mayor cobertura por parte de la agrupación a los abonados para explicarles la situación y a dónde va destinado el dinero, y ya cada abonado decide sobre si lo dona o lo recupera. Otra podría haber sido, devolver a los abonados un porcentaje del dinero. Hay que tener en cuenta también, que una de las cláusulas en caso de cancelación de las procesiones dice que en caso de suspensión de los desfiles procesionales por causa ajena a la agrupación, el dinero de las sillas no sería devuelto.
¿Cuál es vuestra opinión al respecto? Dejadla en los comentarios.